Dios
Entendemos que Dios es el origen de todo lo creado; Él es el origen de la misión (Génesis 3:8-9); Él es la meta de la misiones (Lucas 15:7, 10); Él es el medio para realizar las misiones (Juan. 16:8).
Jesucristo y su evangelio
Jesucristo y su evangelio es el binomio salvífico más bendito que tenemos los cristianos genuinos, dicho binomio es la necesidad más grande que tienen los seres humanos en todas partes a fin de retornar al propósito original de Dios para ellos y los cristianos somos los únicos que podemos entregárselos (1 Timoteo 1:15; Romanos 1:16-17; Hechos 4:19-20).
La perdición de la humanidad que no tiene a Jesucristo
La Biblia dice que Jesucristo es la única persona que puede salvar al hombre de su pecado y su condenación eterna a fin de que el hombre viva para la gloria y en la gloria de Dios por toda la eternidad (Juan 14:6; Hechos 4:12; Juan 3:3, 5). Por esa razón, toda persona de todo lugar está totalmente perdida en sus delitos y pecados a menos que reciba a Jesucristo. En consecuencia, nosotros queremos hacer todo cuanto esté a nuestro alcance para que todas las personas de todo lugar tengan la oportunidad de conocer al Señor Jesucristo.
La iglesia local
Jesucristo está edificando su iglesia hoy en día (Mateo 16:18), esta su iglesia es resultado de la misión de Cristo y ha sido llamada a ser misionera en la finalidad de su existencia, en este contexto, nosotros reconocemos que la misión de llevar el evangelio debe partir y girar alrededor de la iglesia local (1 Timoteo 3:14-15). Por esa razón, todo nuestro trabajo estará enfocado en ayudar a los pastores, los misioneros y las iglesias a que haya muchas más iglesias misioneras en los lugares en los que no lo hay.
Los predicadores
Los que predican el evangelio son personas claves en la expansión del evangelio a toda criatura y es esencial que los tratemos como dignos de doble honor, permitiéndoles suficiente sustento familiar y ministerial para que cumplan con gozo y efectividad el ministerio que han recibido de parte de Dios y su iglesia (1 Corintios 9:14; 1 Timoteo 5:17-18).
La importancia de la participación de cada cristiano
Para cumplir la gran comisión con efectividad y recursos suficientes se requiere la participación activa, voluntaria, sacrificada y gozosa de todos los que somos cristianos genuinos, en este sentido, consideramos que hay que instruir, motivar, convocar e involucrar a cuanto hermano podamos en esta magna misión (Efesios 4:11-16; Hechos 8:1, 4; Hechos 11:19-21).
La conciencia misionera mundial de los creyentes en Jesucristo
Nosotros estamos persuadidos de que se tiene que invertir tiempo, dones, fuerzas y recursos en promover y avivar constantemente la conciencia misionera de los pastores, los misioneros, los evangelistas, los líderes y los hermanos de las iglesias con el fin de que la gran comisión sea cumplida en forma simultánea en nuestra comunidad, en nuestro país y todo nuestro mundo. Dicho avivamiento solamente será posible por la predicación y la enseñanza de la palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo y por tener siempre presente en nuestra mente y la de todos aquellos con los que nos relacionemos que la misión es local, nacional y mundial en forma simultánea (Hageo 1:14; Hechos 1:8).
Los recursos financieros
Nosotros creemos que todos los recursos financieros que existen en el mundo le pertenecen a nuestro Dios (Hageo 2:8; 1 Crónicas 29:10-16) y que todos ellos deben ser usados para que el evangelio de Cristo se extienda a toda persona y en toda nación que hay en el mundo. Con esa certeza, creemos que aunque Dios usa distintas personas como canales para que los recursos financieros lleguen a Su obra, siempre, siempre, siempre es él la fuente de donde todos los recursos manan. Dios es el proveedor y sustentador financiero de su obra. En el Reino de Dios no hay fronteras políticas, geográficas o culturales; Dios soberanamente puede mover de un lugar a otro lugar personas o recursos.
El Espíritu Santo y su poder
Nosotros estamos persuadidos de que el Espíritu Santo que mora en cada uno de nosotros nos ha sido dado con el fin de que cumplamos la gran comisión y estamos decididos a vivir toda nuestra vida alrededor de la misma (Hechos 1:8).
El fin supremo de nuestra vida: La gloria de Dios.
Nosotros queremos glorificar a Dios haciendo cuanto est&a a nuestro alcance para servir a las Iglesias locales en su tarea de que el evangelio le llegue a todas las personas de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas; queremos tener parte en el cumplimiento de Apocalipsis 21:24.
La búsqueda de lo gloria de Dios es el móvil de todo lo que nosotros queremos hacer. Somos conscientes de que Dios nos ha creado y comprado con la sangre de Jesucristo con esa finalidad y es por eso que estamos decididos a vivir y hacer todo nuestro trabajo para darle el honor y la gloria que le corresponde (1 Corintios 10:31).